¿Quiénes somos?





Somos estudiantes de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires. Este blog es producto del trabajo que realizamos en la comisión 63, coordinada por la profesora Claudia Risé y la alumna Emilia Cortina, durante la cursada anual del 2012 del Taller de Expresión I, cátedra Reale.

Tina Modotti. Crónica de una visita fugaz


       Tina Modotti, hermana, no duermes… Mientras subo las escaleras del Centro Cultural Borges aquellas palabras resuenan en mi cabeza. Es curioso que este extracto del poema que Pablo Neruda escribió a la fotógrafa frente a su muerte, vuelva a mí en el momento y lugar en donde ella se encuentra más viva que nunca: en los ojos de alguien que mira sus fotografías.

       Después de pagar la entrada ($15, a precio de estudiante) subo la segunda escalera y algo de la atmósfera cambia. En el segundo piso -espacio del centro cultural destinado a las exposiciones fotográficas y de artes visuales- el suelo es todo mármol y sobre él se levantan largas columnas que hacen de sostén a la imponente cúpula vidriada, el lujoso cielo raso que se alza a unos cuantos metros por sobre mi cabeza. El lugar brilla majestuoso, y su efecto presenta un peligro siempre latente: dejarse llevar y olvidarse del afuera. Pero no, no falta la seguidilla de bocinas que le recuerdan a uno que aquella burbuja de arte sigue estando sobre la tierra, en la calle Viamonte esquina San Martín en pleno centro porteño.

       Atravesando el salón llego a la antesala, allí un hombre con uniforme de seguridad espera a los visitantes, pide ver la entrada y se corre a un lado para dejar (o no) entrar. En el espacio de la muestra el aire se pone más místico y la sensación de vacío se intensifica, hace calor y las notas de un piano (del que recién conoceré su procedencia minutos antes de irme) musicalizan mí recorrida en solitario: aparentemente un Lunes por la tarde no es día de caminar museos.

       Como queriendo decir “ésta es Tina” las primeras fotos son retratos suyos. Fotografías que la muestran en sus distintos yo: Tina actriz, Tina desnuda, Tina emocionada, Tina amante, Tina fotógrafa, Tina inmigrante, todas las Tinas. Esto es, ni más ni menos, la clave y el hilo conductor de una exposición que sería reduccionista calificarla tan solo de “fotográfica”, ya que en Tina es indisociable su trabajo de su historia, sus fotos de su yo-persona.

       “Resulta complejo establecer un equilibrio entre lo que es la obra de Tina Modotti como fotógrafa y lo que representa su vida como sujeto. Porque no es fácil disociar al sujeto social del sujeto textual, mucho menos aún cuando este sujeto histórico se ha constituido en un mito”, así lo explica Blanca María Monzón, una de los dos curadores de la muestra.

       Y es por ello que a lo largo de la visita no solo las fotografías ocupan la atención, sino también aquellas palabras que montadas sobre las paredes (algunas blancas, otras anaranjadas) ilustran su biografía:
           ...Italia, San Francisco, Hollywood, México, Berlín, Moscú, Polonia, España, París, Unión Soviética, México nuevamente; algunos de los lugares… 
        …pobre, abandono de la escuela, trabajo en una fábrica textil, sostén de familia, sacrificio, su casa lugar de reunión para revolucionarios y emigrados de América Latina, ternura femenina, dedicación al trabajo, encarnación del sentimiento humanitario y el internacionalismo, mujer; algo de su espíritu….
     …sensibilidad con su clase, Socorro Rojo Internacional, Revolución en México, Internacional Comunista, Revista el Machete, Partido Comunista de México, Barrio rico barrio pobre, Campesinos, Actividad comprometida y Antiimperialista, Presa y huelga de hambre, deportada, viajes clandestinos, Unión Soviética, Guerra Civil Española, Francisco Franco, a cargo de la cocina del Hospital Obrero, Asistente de médico en campo de batalla; algo de su militancia…
    …talento del teatro, Pintura, Modelo, Arte, Filosofía, Actriz de Hollywood, Fotógrafa; sus manifestaciones…
       …Robo (pintor, 6 años mayor que ella, muerto de viruela), Edward Weston (fotógrafo, diez años mayor que ella, amante), Xavier Guerrero (Pintor, miembro del Comité Central del Partido Comunista Mexicano, pareja), Julio Antonio Mella (emigrado político cubano, convivieron, lo matan con dos golpes de pistola), Vittorio Vidali (representante del Socorro Rojo Internacional, transformación de una relación de amistad a una relación de amor), Diego Rivera, José Clemente Orozco, Pablo Neruda, Miguel Hernández, Frida Kahlo, David Alfaro Siqueiros, Antonio Machado; sus compañías…

Todas ellas revolotean en sus fotos. Los blancos, grises y negros que fueron fijados por su cámara Graflex entre los años 1923 y 1930, revelados y copiados en su cuarto oscuro (lo digital no tenía aún nombre) se exponen sobre las paredes en forma de series: “Retratos”, “Revolución”, “Tehuantepec”, “Trabajo y miseria”, “Títeres”, “Campesinos”, “Julio Antonio Mella”, “Madres y niños”, “Flores y plantas”, “Berlín”; “Superficie y estructura”. De todas ellas fue la que hoy mejor se conserva y la más extensa la que llamó mi atención: aquella en que quedó plasmada, de forma sensible y cercana, la vida cotidiana de las mujeres de Tehuantepec.

       Fue a partir del asesinato del revolucionario Julio Antonio Mella -que en ese entonces era su amigo y amante- que sus compañeros y amigos, preocupados por su profunda depresión, la incitaron a que se tomara vacaciones. Así en 1929 emprendió un viaje a la ciudad de Tehuantepec, en el sur de México, donde tomó las imágenes de las Tehuanas, mujeres conocidas por su emancipación y su cultura matriarcal. Una de esas fotos, en que se ve el rostro de una mujer de rasgos indígenas cargando en su cabeza un fuentón pintado, es la que figura en la portada del Centro Cultural Borges. Es, sin duda, una foto que invita. 

       En toda su extensa producción (de la cual solo una pequeña parte se expone) y en cada una de sus fotografías en particular (la mujer con bandera, el campesino con su hijo, la de la guitarra la hoz y las balas) el diálogo entre arte y política se hace oír. Como lo explica nuevamente Blanca María Monzón “Si existe algo en la fotografía de Tina Modotti es una fuerza viva, que hace imposible pensar la imagen fuera del acto que la hace realidad. La foto deja de ser solamente la imagen producto de la técnica y la acción, para pasar a ser a ser algo que no puede concebirse fuera de la circunstancia y de la intención que la determina. Es decir, que va más allá del gesto e incluye a sus receptores como objeto pragmático. Lo que implica no solo considerar al sujeto, sino más precisamente al sujeto “en proceso”, que es aquel que va a pasar del acto, para constituirse en memoria, no sólo para remitirnos a su referente, sino para reflexionar sobre la construcción de una obra, con la pretensión implícita de contribuir a la transformación de la realidad”.

       Cambiar la realidad, eso es lo que ella hacía. Visibilizar la discriminación, desnaturalizar las prácticas, incomodar y denunciar.

       Llegando al fondo de la sala encuentro un espacio semioscurecido, con sillones individuales y un televisor que proyecta una película en blanco y negro. Me siento y presto atención, para los que no frecuentamos el cine mudo se vuelve necesario agudizar los sentidos, prestar atención a cada movimiento, ya que el diálogo está escondido y hay que descifrarlo. Allí se escucha más fuerte el piano, del que ya se habían acostumbrado mis oídos pero que, musicalizando la actuación de la mismísima Tina, tomaba un nuevo significado.

       Me conmocionó verla allí, moviéndose, gesticulando. Después de una hora de lento acercamiento, por medio de palabras, por medio de imágenes, de haberme construido una Tina en mi imaginario, allí estaba ella mostrándose viva. 

       La miré un largo rato, buscando indicios de esa Tina que se mostraba en las fotos revolucionaria, comunista, compañera.

       La miré como queriendo que escuche mis pensamientos y responda a mis preguntas: tantos años fuiste borrada del discurso oficial, escondida por la peligrosidad de tu espíritu revolucionario… y ahora legitimada, nombrada y reconocida, ahora vendidas tus fotos y expuestas en bellas paredes anaranjadas. ¿Qué estás haciendo acá, tina? O mejor dicho ¿estás, verdaderamente, acá?


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