¿Quiénes somos?





Somos estudiantes de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires. Este blog es producto del trabajo que realizamos en la comisión 63, coordinada por la profesora Claudia Risé y la alumna Emilia Cortina, durante la cursada anual del 2012 del Taller de Expresión I, cátedra Reale.

Destino



“Tal vez algunos de nosotros tienen que 
atravesar caminos oscuros y desviados antes de poder encontrar
el río de la paz o el camino alto al destino del alma”.
(Frederick Pierce, “Dreams and personality”)

         A lo lejos estaba la enorme puerta oscura, el camino era recto y parecía ser la única dirección posible, por lo que me decidí a caminar hacia ella. Algunos árboles enormes estaban al costado del sendero.  Eran tan altos que impedían que la luz llegara al lugar. A medida que me acercaba a la puerta, sentía el frío cada vez más fuerte que me corría por los huesos. Era imposible retroceder, no había otra dirección por la cual escapar, por lo tanto yo seguía firme el recorrido.  De pronto percibo que alguien viene detrás de mí, parece ser un hombre. Su paso es apresurado, siento que se está acercando rápidamente entonces empiezo a correr. La puerta todavía es inalcanzable. El hombre comienza a correr también, no puedo entender por qué me persigue pero me asusta. Corro hasta que mis piernas se paralizan y de un momento a otro permanezco inmóvil, como si algo me sujetara desde el suelo. Es desesperante, veo al hombre que corre hacia mí pero no puedo despegarme. Cuando parece alcanzarme al fín, el hombre pasa por un costado del camino para evitar chocarse conmigo. Me observa pero sin detenerse corre hasta la puerta. Desde mi lugar puedo ver que saca una llave de su bolsillo, abre y entra. Pasan unos segundos, mientras intento inútilmente soltar mis piernas del suelo, y el hombre sale por la puerta nuevamente. Ahora con un bebé en sus brazos. Caminando lentamente llega hacia donde yo estaba y me abraza. Luego mira al bebé y dice: Perdón Carmelita. Lo apoya sobre mis brazos y huye. Sin poder moverme logro gritarle: ¡No me dejes papá! Un ruido de explosión a lo lejos me perturba y abro los ojos.

Había sido la reja de la celda al abrirse. Sobresaltada y transpirando me siento sobre la cama.

-Alguien vino a verte, dijo la oficial.

Una religiosa atraviesa la puerta. Hago un esfuerzo por despabilarme y veo que es la hermana Inés. Me mira como siempre con un gesto de preocupación y de resignación a la vez.

-¿Qué tenés querida? ¿Qué te pasó?

-La pesadilla otra vez hermana.

-Ay Carmela, realmente no sé qué va a pasar con vos.




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