Para comenzar debo admitir que el comienzo de mi día ha sido bastante
perturbador. El motivo, ahora un poco confuso, fue que pasé la noche dentro de
un sueño donde encontraba la mujer para mí pero nuestras familias estaban
fuertemente enfrentadas. Pero es posible que esto no alcancé para explicar mi
grave problema, rápidamente luego de salido de la cama, llamé a mi abogado; él
me pidió que me calmara cuando le dije “vamos a tener que pagar demasiado”.
Ahora, no hay duda que infringí de manera grosera la ley del derecho de
autor, pero en este caso ¿a quién debía resarcir? A los familiares que aún
quedan de Shakespeare, al estado inglés, a algún centroamericano productor o
guionista de telenovelas, a algún escritor de novelas románticas o a todos
ellos juntos.
Hoy en día es difícil vivir tranquilo intentando siempre no imitar a
otra persona manteniéndose en el margen de la originalidad y la legalidad. En
la vorágine de todo este episodio, tuve que consultar las leyes de derecho de
autor de varios países (quizás podría exiliarme en alguno); lo interesante es
que encontré en las leyes que el “derecho” de autor dice solo proteger las
obras “originales”.
Teniendo un diccionario a mano (a veces pueden ser muy útiles) lo
consulté enseguida, pero las respuestas tampoco fueron muy satisfactorias. La
RAE define a la originalidad como algo “perteneciente o relativo al origen”
pero también con algo que tiene “carácter de novedad”; este segunda definición
me llevo mentalmente a recorrer algunas vidrieras de tiendas de ropa o centros
comerciales con grandes carteles luminosos. Pero por más extraña que sea, esta
oposición de respuestas no iba a lograr sacarme de mi encrucijada.
De algo no había dudas, el sueño era algo que me pertenecía... o
por lo menos era algo de mi origen, como dice la RAE. Muchos escritores,
directores de cine, músicos, etc. (de los más prestigiosos en sus
disciplinas), alegan haber creado sus obras a partir de sueños. El problema era
la novedad (que en lo que a mi respecta se aparenta a crear un nuevo género
musical o literario), ya que vivimos es un mundo de “ideas agotadas”.
Ya hemos escuchado todos de la psicología, de la mano de Sigmund Freud,
que los sueños son el camino que toman los recuerdos o deseos reprimidos para
pasar del subconsciente a lo consciente a partir de simbolismos. O estudios más
recientes que ven los sueños asociados mayoritariamente a la memoria de la vida
de vigilia, o como plenamente una reproducción sin sentido de recuerdos
mezclados.
Pero lo que es claro es que los sueños en algún punto son producto del
contexto en el que vivimos. Karl Gustav Jung (aprendiz de Freud) creó el
concepto de inconsciente colectivo como algo que contiene la herencia
espiritual de la evolución de la humanidad. Consideró a dicho inconsciente de
tipo "objetivo" ya que representa la misma información adquirida por
todos los sujetos; y lo diferenciò del inconsciente personal que es de tipo
"subjetivo" y se refiere a las experiencias y deseos de cada uno. En
un lenguaje literario el primero (colectivo) correspondería a las ideas
extraídas de la realidad social, en cambio el segundo (personal) al estilo
individual de cada persona. Además el mismo autor también pensó al mundo
onírico como un “tesoro creativo”. Es muy alentador pensarlo de esa manera,
como un tesoro propio.
De esta manera se desprende así una relación más compleja en el concepto
de plagio. Porque si vivimos todos en un mismo mundo y somos todos una misma
raza, ¿no existe la posibilidad de haber vivido o presenciado (con las
diferencias obvias de cada época) una situación similar?, ¿no podemos compartir
deseos u objetivos? Al parecer la ley piensa que no; y la ley esta para
respetarse a rajatabla, al menos eso es lo que nos inculcaron.
Así que se debe obedecer ciegamente las creencias de que ya esta todo
dicho, resignandose a que hoy en día ya no se puede crear algo nuevo o
novedoso, y que todo lo que pasa por nuestro consciente o incluso nuestro
inconsciente, es sólo un reflejo de lo que otra persona ya hizo antes.
Pero tanto pensar me ayudó a volver conciliar el sueño; espero no tener
que despertarme con tamaño altercado nuevamente. Tengo que tratar de despejar
mi cabeza antes de acostarme y soñar con un vacío, blanco o celeste; ellos aman
el celeste es tan tranquilo y sin una pizca de rebeldía.
A veces pienso que sería mejor no tener tantas ideas dando vueltas, en
estos días es algo peligroso; ahora por culpa de mi imaginación tendré que
empezar a preparar una estrategia para el juicio. Antes de acostarme rezo -por
si queda algo más allá de lo que ya nos robaron- que las próximas generaciones
no tengan graves altercados legales por el simple hecho de respirar o caminar
como nosotros.
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