¿Quiénes somos?





Somos estudiantes de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires. Este blog es producto del trabajo que realizamos en la comisión 63, coordinada por la profesora Claudia Risé y la alumna Emilia Cortina, durante la cursada anual del 2012 del Taller de Expresión I, cátedra Reale.

Momentos revividos



       El vaso espera en la mesa… lleno con su típico color ámbar. Doy una rápida mirada a la casa. Todo parece estar en su lugar, pero sé que no es así, algo falta.

       La luz, la alegría hace un tiempo desaparecieron. Desde que ella se fue, la casa emana tristeza, soledad. Levantarme cada día y verla a mi lado, la mejor sensación que una persona es capaz de tener, eso le daba sentido a mi vida. Ahora todo es solo una seguidilla de acciones monótonas, sin sentido que se repite día tras día.

       En un momento de furia vacié cada cajón de cada mueble, cada rincón y lo amontoné en cajas, que ahora esperan en el patio hasta que alguien decida llevárselas. No quiero retener ni un solo rastro del pasado, ya nada de eso tiene valor para mí. Si puedo deshacerme de todo, mejor.


       No tiene caso, nadie se siente siquiera atraído a mirar las cajas, esa sensación de amargura que da poner un pie en este patio, creo que se puede sentir incluso desde las casas vecinas. Algunos coches reducen la marcha pero con la primera mirada se van espantados.

       El vaso está ahora vacío, me doy cuenta que no hay nada más con qué llenarlo, así que tomo mi campera de cuero para ir al supermercado.

       -Últimamente el alcohol está vaciando mis bolsillos- pienso sin interesarme en una sola palabra de ese pensamiento.

       Voy a la góndola de bebidas blancas, luego a la sección de whisky y por ultimo a la góndola de los más barato; ya no tengo para darme lujos. En el camino decido tomar un bocadillo para acompañar; el banquete de esta noche. Voy rápidamente a la caja. 

… 

       -El asunto de la venta de jardín no tendrá éxito. Pero era algo predecible, al pasar un día más irá todo a la basura, cuanto más rápido mejor- me dije a mi mismo furioso.

       En el camino de regreso, a lo lejos, diviso un auto estacionado; se parece a aquel que alguna vez fue el privilegiado para ocupar ese lugar. Mi caminata se ve detenida a la altura de la casa vecina, para darme cuenta repentinamente que alguien está espiando por el picaporte de mi puerta, y al acercarme un poco más, una chica descansa en la cama que yacía en el jardín.

       Esa chica…al verla un sentimiento extraño me revuelve el estómago. Por un momento me siento fuera de la oscuridad.

       -Debe haber sido solo un reflejo involuntario - pienso.

       Pero…esa chica es muy parecida a…a esa persona que alguna vez me hizo feliz. 

… 

       Los saludo, su cara parece alegre por la nueva compañía, el muchacho mira desconfiado. Comienzan a preguntarme cuánto quería por las cosas, yo respondo con algunos números al azar, pero ninguno les conforma siempre me piden un poco menos. Me Aburro del regateo y decido ofrecerles un trago mientras me acomodo en el sofá.

       El muchacho sirve para ellos dos, la chica enseguida comienza a tomar, él solo tiene el vaso en la mano como si todavía no pudiese confiar en mí o en mis intenciones. Me gustan estos chicos, o… ella principalmente, sus ojos me llaman de alguna forma.

       Noto que el alcohol empieza a tener efecto en ellos, él por fin había aceptado tomar. Y cuando comienzan a desinhibirse pongo un viejo disco en el tocadiscos lleno de polvo.

       -¿Por qué no bailan?- les digo.

       -No, no- contesta el chico.

       -Insisto- con tono más firme, con el cual terminan aceptando.

       Al verlos bailar con sus cuerpos pegados, con lo suave de sus movimientos, toda la situación comienza a excitarme. Decido observarlos sin mediar palabra durante un largo rato hasta que la chica me pide que baile con ella.

       Me levanto y la tomo de la cintura, y empezamos a bailar. Ella me dice que los vecinos nos miran, no importa, ni eso ni nada, solo este preciso momento. Nos movemos, con nuestros cuerpos pegados. Recuerdo esa sensación, el sentimiento, como la amaba. Todo a mí alrededor se detiene, solo escucho la música, la misma que sonaba en nuestra boda, incluso con la cual nos conocimos. Y bailamos, como si fuera la primera y la última vez. Ella dice algo, lo ignoro completamente. 

… 

        Cargan la cama y el televisor que decidieron comprar y ponen en marcha el auto.


       -Un momento, llévense esto también- Alcanzándoles el tocadiscos y algunos de los viejos discos.

       -Muchísimas gracias- siguen un poco borrachos pero no les importa arrancar el auto.

       Los veo alejarse y doblar a la segunda cuadra. Una vez que la calle vuelve a estar vacía entro a la casa, apago todas las luces. Salgo nuevamente, cierro la puerta para después arrojar la llave dentro de una de las cajas que permanecen intactas en el patio. Y me largo, al igual que los chicos lo habían hecho, para no volver.

       Quizás, después de todo, la vida todavía pueda tener sentido.



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