¿Quiénes somos?





Somos estudiantes de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires. Este blog es producto del trabajo que realizamos en la comisión 63, coordinada por la profesora Claudia Risé y la alumna Emilia Cortina, durante la cursada anual del 2012 del Taller de Expresión I, cátedra Reale.

Palabras a la luz


Podemos cuestionarnos y reflexionar sobre el significado de algo, podemos divagar durante mucho tiempo y alcanzar infinitos lugares, infinitas conclusiones. Por cada persona unas, por cada pensamiento dudas-cuestionamientos-certezas, por cada camino otros miles que se abren. Dentro de ese ejercicio es útil remitirse al significado de la palabra, allí donde residen – no la naturaleza de la cosa – sus fronteras y sus limitaciones.

Fotografía
Foto: luz
Grafía: grabar, dibujar
“dibujar con luz”

Ya podemos aceptar que la fotografía es un ejercicio, no el mero reflejo de una nube en un charco de agua o los colores del arco iris que pintan el asfalto después de la lluvia. Hay alguien que toma la luz prestada por una milésima de segundo para dejarla fijada en un negativo, para hacerla perdurar en el tiempo. El fotógrafo que mira, construye/deconstruye, enfoca y dispara.

Ya podemos aceptar, entonces, que la fotografía conlleva una creación, su creación. Y eso que se desprende, la imagen allí expuesta, esa suma de decisiones causales y acontecimientos casuales que la crearon -el encuadre elegido, los matices encontrados, los colores creados por esa luz en ese momento del tiempo y en ese lugar, el movimiento justo, lo impredecible que ocurre- esa foto acarrea un nombre, un autor.

Es este uno de esos casos en que el objeto en sí -el papel impreso, que puede circular de mano en mano, comprarse, venderse, reproducirse, verse y dejarse de ver- pasa a estar en un segundo plano porque lo trasciende otro elemento, su esencia como creación. Entonces entran en juego las elecciones personales, lo subjetivo, el estilo.. Podríamos relajar nuestras preocupaciones mundanas sobre lo material para abocarnos a algo mucho más placentero, cuestiones más bien filosóficas (que políticas) sobre la expresión, la cultura y el arte. Pensar con el sentimiento y los sentidos a flor de piel.

Podríamos pero no, algo nos lo impide, y es el hecho de que la fotografía no flota libremente por el universo de las abstracciones y las ideas, sino que es parte de una realidad tangible y concreta que la rodea y la atraviesa. Una realidad determinada por lo redituable, lo cuantificable, lo mensurable.

Nuevamente los pies en la tierra, las preocupaciones mundanas salen del tintero: hay que preocuparse por la cosa y para ello nada mejor que el verbo tener

mio, tuyo, suyo, vuestro, nuestro, suyo

Pero si la esencia de esta cosa reside en el hecho creativo debiera definirse no un dueño sino un autor.

Fotógrafo: eres tú el autor de esos colores y sus diagonales, de la forma en que esa expresión penetra al lente, de esa composición tan vertiginosa, eres responsable por este ejercicio de realización, de esa imagen única e irrepetible. Tú y nadie más.

¿Alguien podría negar, acaso, que el Che con su mirada desafiante te pertenezca, Korda? ¿Y negarte, Bresson, la creación de aquella imagen del hombre en bicicleta? ¿Quién se atrevería a decir es mía la imagen de la madre y la niña pidiendo justicia, quién sino Adriana Lestido?

Otra vez alguien me tira de los pantalones, bajá, vení, bajá. Realidad se llama, y me recuerda: fotos sin nombre, fotos vendidas indiscriminadamente, fotos ocultas en archivos privados, fotos manipuladas, recortadas, robadas, fotos sin dueño.

No queda otra que participar con las reglas que el juego impone. Si el sistema necesita y fuerza, por descarte, bienes rentables, si aquí la obra es una mercancía más, entonces seamos consecuentes y busquemos defender lo nuestro. Si no se puede mediante la palabra, usemos la misma herramienta con las que nos delimitan: las regulaciones.

La ley sobre la propiedad intelectual, la 11.723, protege al fotógrafo concediéndole los derechos morales y patrimoniales de su obra, asentando así que debe reconocerse siempre su autoría y que posee el poder para autorizar su venta o uso. El primero perdura en el tiempo y es inalienable, el segundo, ya puede negociarse y venderse.

Hasta ahora solo palabras, pero cuando el tiempo pasa las experiencias testifican algunos olvidos, re-interpretaciones, aprovechamientos, abusos, y ahora hay que seguirla pero desde el ring:

de un lado se escuchan voces furiosas (que exigen):

¡Toda fotografía tiene autor!
¡Queremos cambiar la ley y hacerla cumplir, que se nos respete el derecho de autor y se nos nombre en cada publicación, queremos ser los únicos en tomar decisiones sobre nuestras obras y que no sean modificadas por terceros, queremos poder poner condiciones a su utilización y recibir el dinero justo!

del otro voces poderosas (y empachadas):

¡Nosotros poseemos el derecho sobre las obras que compramos! ¡Podemos hacer lo que queramos con las fotografías! Usarlas, modificarlas, venderlas, ocultarlas.
¡Ustedes son contratados y les pagamos por sus fotos, son nuestras, nos pertenecen!

Pareciera que la ley es (casi del todo) provechosa para el fotógrafo, pareciera también que las malas costumbres y el no-control van a contramano e interfieren en su aplicación. Y el poder es siempre la fuerza mayor, siempre un paso más adelante.

Pero cuando la discusión parece agotarse en este tire y afloje (por hacer cumplir la ley, por imponer la fuerza) del que se sabe quien lleva la delantera, un nuevo lugar para la fotografía y la autoría pareciera emerger. Nace particularmente desde aquellos para quienes el hacer fotográfico es una actividad de expresión y manifestación, una forma de reportear y documentar, desde todos aquellos que hacen de la fotografía una herramienta de pelea. Una minoría que alzando con fuerza su voz logra hacerse escuchar, enredando y deshaciendo el binarismo hasta ahora inquebrantable…

Nosotros, fotógrafos, colectivos y cooperativas de la imagen, no somos dueños de las fotografías. Ellas llevan creación, trabajo conjunto, son del fotografiado y del que fotografía, del que colaboró para su realización, del que la usa en una bandera, del que la muestra y le da significado. La fotografía es un acto social y por ello nos pertenece a todos y a ninguno.

Lo repito y empieza a tener sentido: a todos y a ninguno.

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